“A Dios hay que pedirle sueño porque donde dormir nunca falta”

“Para dormir sólo se necesita un colchón”. Estas son algunas de las frases que mi tío Patricio repetía frecuentemente cuando se refería a personas que ambicionaban dinero sin importar la manera de conseguirlo.

Más allá de las diferencias religiosas nunca me faltó donde dormir, eso sí, las condiciones eran diferentes cada día, algunas veces en una buena cama, otras en un suelo frío, otras fueron en la arena de una playa, pero cuando había sueño el lugar siempre estuvo ahí.

Muchas veces los bomberos fueron una buena opción, no sólo que te daban una cama donde dormir, siempre aprendías algo de esa gente, voluntaria, que te contaba historias de su vida y de su trabajo, gente humilde muy común pero que simplemente estaban ahí aparentemente inexistentes pero alertas para trabajar cuando el peligro se presentaba. Las estaciones de bombero eran acogedoras, no por su infraestructura ya que muchas eran paupérrimas, sino por el corazón de su gente.

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En Brasil la cosa cambió, el bombero no era voluntario tenía formación militar y bueno, que más puedo decir, pero hubo una ocasión que me llamó la atención: En el tramo que pedalee desde el estado de Río de Janeiro hasta Sao Paulo uno de los días de viaje cayó una lluvia muy fuerte, estaba mojado, con hambre y tampoco podía darme el lujo de ir a un hotel porque el valor por noche era de 120 reales que equivale a unos 55 dólares americanos (porque son americanos no ecuatorianos) entonces me acerque a una estación de bomberos y pedí hablar con el comandante, me dejaron entrar y me recibió en su despacho entonces empecé el repertorio de solicitud de posada que venía repitiendo durante ya 5 meses de viaje pero esta vez no toco el bondadoso corazón militar del bombero no voluntario y al contrario me respondió muy alterado diciendo “Está seguro de lo que me está pidiendo? Sabe lo que está hablando? Usted está loco, esto no es un refugio” quise responderle con un “Solo decía” pero no tuve tiempo más que para salir de ahí.

Qué hace un ciclista en Brasil buscando una estación de gasolina?.

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Hay dos respuestas, o está necesitando combustible para encender su hornilla, mal seleccionada por cierto porque hay otro tipo de hornillas que funcionan con alcohol, o esta buscando donde armar su carpa para pasar la noche. En mi caso era la segunda polito, ya que en Brasil las estaciones de gasolina tienen restaurantes y duchas para tomar un baño y nunca te niegan un lugar donde armar la carpa.

Bueno pues ahora mismo me encuentro en el hotel Petrobras a unos cuantos minutos de pegarme una ruca.

Habrán personas que se imaginen las condiciones más deplorables para dormir, pues no es así, este es un viaje, como muchos otros viajes que los queridos lectores han de ver realizado en su vida, pero un viaje se vuelve una experiencia enriquecedora cuando empiezas a vivir situaciones jamás antes imaginadas, hace 6 meses nunca me imagine estar sentado en una silla de la estación juntó a mi bicicleta y mi casa móvil (carpa) contando esto. Déjenme decirles que hasta ahora no me he acostado a dormir sin antes expresar en mi rostro una sonrisa de oreja a oreja, la sonrisa de la libertad, la antesala del sueño porque donde dormir siempre tuve…

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